martes, 31 de diciembre de 2013

Amor Inexplicable.

Amor Inexplicable.


Capítulo 1: Algo Inesperado.



Todo comenzó el 28 de Noviembre. Ese día mi hermana regresaba a Santiago, después de haber estado viviendo 6 años en Argentina. La fui a buscar al aeropuerto de Pudahuel y no pasó nada que pueda destacar, exceptuando el abrazo afectuoso que nos dimos cuando nos encontramos. Llegamos al departamento en donde vivía con mis padres, pero ellos andaban de vacaciones en Brasil. Camila, mi hermana, se instaló en la habitación al lado de la mía. Ella pensaba quedarse hasta Enero conmigo.


Al otro día Camila como no entendía mucho el sistema santiaguino, me pidió que la acompañara a comprar ropa, específicamente jeans y unas blusas; casi sin pensarlo le dije de inmediato que sí y salimos a nuestro destino. Subimos al metro a esa hora de las 15:00 pm, en ese momento no había mucha gente, pero hacía mucho calor. Todo iba bien hasta ese momento.


Nos sentamos en el piso del vagón y comenzamos a charlar de las anécdotas de cuando éramos pequeñas, cuando de la nada todo quedo en un silencio sepulcral mientras seguíamos disfrutando del viaje; de pronto se comenzó a escuchar la voz de una mujer que hablaba muy fuerte en el vagón que estaba  próximo al nuestro, —toda la gente alrededor podía oír lo que decía— venía hablándole de esa forma desde hace un buen rato a un tipo que estaba al lado de ella; ellos estaban apoyados en los pasamanos principales del vagón. Era su novio, o al menos eso entendimos todos los que estábamos alrededor de ellos; se denotó por las palabras casuales que ésta decía al hablarle, a pesar  de que en ningún instante los vimos abrazándose, besándose o diciéndose alguna palabra de afecto. Sin embargo, lo que importaba era el noviazgo que llevaban, al parecer un noviazgo de mucho tiempo, yo diría que años, porque la chica le hablaba igual que una señora menopaúsica.


Ésta mujer lo reprendía por todo. Lo primero que empecé a oír fue que él no sabía comprar, ya que ella lo encontraba todo más barato y a un buen precio, mientras que él no. Lo criticaba solo por cosas sin sentido, pero ella lo magnificaba mucho más y las palabras las utilizaba para ofenderlo ante toda la gente.


A mí en lo personal no me gusta escuchar conversaciones ajenas a mis propósitos, pero ésta chica hablaba tan fuerte que era inevitable no sentirse parte de la conversación, o monólogo mejor dicho, ya que la mujer lo criticaba y criticaba, sin callarse en un solo momento y sin dejar hablar al chico que iba a su lado, que solo atinaba a responder con algunas bromas con tal de sacarle alguna sonrisa, cosa que era en vano. A mí la situación me generaba una rabia e impotencia inimaginable, con ganas de gritarle en la cara “deja de criticarlo, si tanto te molesta no sigas con él y déjalo en paz”.


El trayecto de Bellavista de la Florida hasta Santa Ana duró lo suficiente como para poder analizar en detalle toda la escena que se presentaba ante los ojos de todos en el vagón. Como yo iba en el suelo al igual que mi hermana Camila, tenía el ángulo perfecto para poder observarlos desde abajo, sin que ellos pudieran verme; lamentablemente ese fue mi gran error, mi desliz fue observarlo; observar su expresión corporal, escuchar como tenuemente quería sacarle una sonrisa a su novia con una que otra broma, que a mí en especial me generaba una sonrisa; fue traspié mío sentir como mi corazón se apretaba de impotencia al ver como él la escuchaba respetuosamente, mientras que ella seguía tratándolo como basura frente a todos; al final fue mi delirio creer y sentir por un instante que él era el mejor hombre que jamás había visto en mi vida…

   
Creerán que soy una pendeja inmadura con todo lo que estoy diciendo, pero juro que cuando lo observé sentí una conexión tan fuerte que no sé cómo poder explicarlo. De verdad, fue algo inexplicable, que nunca antes me había sucedido; apenas pude ver su espalda y escuchar su voz, —lamentablemente no pude ver su rostro— sentí que era perfecto para mí, mi hombre ideal. Quede prendida tan solo al ver como se expresaba, la forma en que movía; solo al observarlo en esa media hora de viaje e indagar como era su personalidad, todo eso fue suficiente para sentir algo realmente grande dentro de mi corazón.  


Mientras continuábamos escuchando a la mujer que lo seguía criticando, yo decía en mi mente todo lo que haría con él, si yo fuese ella, lo haría reír, me reiría de sus bromas rebuscadas, lo abrazaría, lo apapacharía, lo besaría, meramente lo amaría; lo amaría como ella no lo hace…
En ese momento el llevaba una polera blanca que contrastaba con su piel morena, en su cabeza llevaba un jockey de color negro, en sus pies usaba una zapatillas con caña que eran negras y en su mano sostenía un estuche con el logo de “Zidjian” donde de seguro llevaba un platillo para su batería, al parecer era un ride a juzgar por el diámetro del estuche, también llevaba otro bolso con una caja al costado de éste.


Él es baterista, al igual que yo y creo que su nombre era Marco, así lo nombro ella. Ella estaba casi al frente mío y llevaba medias negras, un short negro, un banano de color blanco, el cual lo llevaba en la cadera obviamente, una polera negra y apretada con tiritas en los hombros,  tenía el cabello corto y era de color castaño claro, casi rubio y sus labios estaban pintados de un color vino. Me di cuenta por la conversación que iban a una fiesta; ella reiteraba en reclamar que iban a un carrete de personas “flaites” e insistió en que Marco debió haber visto el lugar antes de haberla invitado, a lo que él respondió: sí, lo vi. Es un lugar baldío…



Desde hace dos semanas que no he dejado de pensar en él, lo he hecho en cada momento y no puedo sentirme más patética por eso. Lo único que hay en estos momentos en mi mente, es el deseo de poder conocerlo sola para decirle alguna palabra bonita, ya que en ese viaje no pudo oír nada agradable.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Asesino de Asesinos.




Asesino de Asesinos 



Capítulo 1: Pérdida y Aventura.


Yacía sentado en el piso de su habitación un joven alto, delgado, y de unos 17 años de edad. Su habitación era la típica, de un adolescente adinerado, pero no millonario y quedaba en el segundo piso de la casa. En la casa vivían solo su madre y él; su padre había dejado a su madre por otra mujer cuando él tenía solo 7 años.


Era de medianoche y estaba todo en un silencio sepulcral, en una oscuridad extática. Esa noche se oía el sonido de la lluvia que daba un lienzo invernal, que impactaba las edificaciones, y el rugir de rayos que ensordecían el lugar. Él estaba extremadamente horrorizado y exacerbado por la bizarra escena que estaba viviendo en ese momento, aquel joven había sido arrinconado en su habitación por un asesino en serie apodado “The Dismembrator”.


El asesino era conocido por todo Texas y mucho más por los jóvenes que creían en las leyendas urbanas, si bien éste realmente no la era. Todos pensaban que era solo una leyenda su existencia,  y se decía que la forma de asesinar a sus víctimas era el desmembramiento, que es la mutilación de los brazos y piernas del cuerpo, dejando que sus mártires se desangren hasta la muerte. Decían que adoraba los gritos y chillidos de dolor por parte de los aciagos y que también se bañaba en la sangre de éstos.


El asesino era alto y un poco robusto, y siempre vestía habitualmente una capucha negra que le tapaba casi todo su cuerpo, exceptuando solo ojos y pies; usaba un sombrero de copa que tenía una cinta de color rojo en el centro, además que se notaba el paso del tiempo en él; en ambas manos empuñaba dos cuchillos carniceros con sangre adherida a ellos, por la sangre de sus más de 50 víctimas por toda la ciudad, los cuales eran de unos 30 centímetros de largo cada uno y los maniobraba a mano desnuda; sus pies eran cubiertos por unas fuertes y resistentes botas militares, sus pantalones no se lograban ver, ya que la capucha cubría todo, pero sin lugar a dudas lo más tenebroso era… su mirada, una mirada llena de locura y repudio hacia las personas.


Javier estaba paralizado y sumido en una desesperación impía, sus ojos lo único que podían ver era a su madre; él estaba solo a unos metros de distancia de ella, que estaba siendo desmembrada en su propia habitación por el asesino en serie, el cual ni se inmutaba de lo que pudiese estar haciendo o pensando Javier; solo estaba disfrutando del momento… extasiado por la sangre  que escurría por todos lados manchando el piso que la madre de Javier había limpiado hace unas pocas horas atrás. Su madre ya había muerto y su próxima víctima era...él.
— ¡Tú!… vas a ser el siguiente en morir, ¡Ha, ha, ha, ha, ha, ha! —la voz del asesino era oscura y desgarradora, mientras que Javier comenzó a llorar la pérdida de su madre sentado en el piso, agarrándose el rostro con sus manos para contener sus lágrimas. Su teléfono celular estaba apagado sin batería y por tal razón no podía llamar a la policía.


El asesino se acercaba lentamente, riendo como un verdadero lunático, sádico y sin misericordia. Sin embargo, Javier lo único que hizo fue arrastrarse de espaldas hasta llegar a la pared que estaba llena de posters de sus bandas favoritas, para así poder escapar aunque sea unos segundos de las garras de Dismembrator. Miraba hacia todos lados buscando una escapatoria, pero lo único que estaba en su mente era el pánico que lo carcomía lentamente, y The Dismembrator se acercaba con paso de tortuga para poder asesinarlo sin ninguna contrición.


Todo había sucedido muy rápido y Javier no pudo impedir la muerte de su único ser amado.

— ¡P-p-por favor, a-a-aléjate!, ¡n-n-no te acerques! —Javier gritaba tartamudeando.

Estaba muy asustado, él sabía que estaba a punto de morir, pero no quería aceptar esa triste realidad.

— ¡Ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha! ¡Tú…vas… a ser el siguiente! ­—era lo único que decía el asesino, y lo repetía una y otra vez.

El asesino ya estaba en frente de Javier, y Javier estaba llorando inconsolablemente, el asesino lo miró y soltó una risotada fortísima. Javier lo miró a los ojos demostrando animadversión y repugnancia al asesino, mientras que tenía sus propios ojos vidriosos, —lo había hecho como si lo estuviera retando— al asesino no le gusto para nada su atrevimiento, soltó uno de los cuchillos, el cual se estremeció en el piso, y agarró a Javier por el cuello. Lo seguía estrangulando hasta que se escuchó un estruendo y era la ventana que comenzaba a quebrarse  en pedacitos, por el pie de una chica. Javier la miró con una cara de aflicción, deseando poder ser salvado por ella.


La chica estaba toda mojada por la lluvia, tenía la cara descubierta plenariamente, su cabello era rubio cobrizo que al moverse desprendía un fulgor incandescente, sus ojos no se distinguían mucho por la oscuridad de la medianoche, pero lo que si se veía era el hermoso brillo azul que desprendían, era lo único que denotaba su rostro; vestía un traje completamente negro ceñido al cuerpo, de cuero y en sus manos llevaba lo que parecían dos dagas orientales.


— ¡Suelta al chico!, ¡Si no quieres morir por mis manos en este preciso momento! —la misteriosa chica amenazó con mucha potestad al asesino, pero éste ni se inmuto.

—…...............

Comenzó a apretar cada vez más fuerte el débil cuello de Javier.
— ¡Te dije que lo soltaras cerdo asqueroso! —la chica se impacientaba más al pasar el tiempo.

—……………

La chica se hartó y se acercó corriendo rápidamente hacia el asesino y el asesino al ver que venía a una velocidad aceptable, soltó a Javier velozmente  y lo estrelló contra el muro dejándolo inconsciente, para así tener la mano vacía y darle camorra a la chica. La chica asustada al ver a Javier desmayado en el piso, se enardeció más y trató de darle una estocada al asesino con una de las dagas que empuñaba, intentó  hacerlo directo en su corazón, pero éste vio venir el ataque, lo esquivó, agachándose a pesar de su tamaño y le dio un puñetazo en pleno rostro, mandándola a volar.

— ¡Ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha! Crees que con ese tipo de habilidades  me vas a hacer algún rasguño. No seas idiota. Mocosa estúpida —dijo el asesino retando nuevamente a la chica para seguir la pelea.

Apenas al escuchar las palabras de The Dismembrator, salió disparada a darle batalla otra vez, pero esta vez iba a la segura.

The Dismembrator mantenía su mirada fija en la chica, la cual venía directamente hacia el asesino, teniendo solo en mente el liquidarlo. Ya estaban casi en frente, el duelo era imposible de cancelar  y Dismembrator intento con su mano derecha una estoca con su cuchillo, tratando de llegar a la chica,  pero lamentablemente fue en vano, ya que la chica tenía todo planeado en su mente y había pre visualizado todo el momento con antelación, como si hubiese predicho el futuro; y así logro esquivar perfectamente con un gran salto, para aterrizar y terminarlo con dos estocadas en plena espalda de Dismembrator dejándolo perplejo y sin habla…..

Nefilim Destiny

Néfilim Destiny.


Capítulo 1: La nueva vida.




Soy Danny Evans, tengo 25 años y vivo en Manhattan (Estados Unidos) y estamos en el año 2030.


Todo comenzó cuando tenía 17 años con la repentina aparición de un hombre de unos 40 años llamado Allen Helmont, quien hizo su aparición en las elecciones mundiales que fueron realizadas el 27 de Diciembre del 2022, en Washington. Éste hombre tenía un respaldo económico, político e incluso social que lo hacían un candidato imbatible, haciendo que sus contendientes se viesen como personas sin ninguna posibilidad de ganar. Su simpatía, su poder de convencer a todos y propuestas eran increíbles. Había gente que al principio estaba en su contra, pero después como si nada comenzaron a apoyarlo de una manera muy efusiva, ganando unánimemente las elecciones.


Antes de que ganara Helmont, el planeta pasaba por problemas 
adversos, convirtiéndose en un planeta muy peligroso; siendo las principales dificultades: las guerras civiles que ocurrían en muchos países asiáticos y africanos, la miseria que reinaba en todo el mundo, los desastres naturales, la incrementación de la delincuencia, la creciente emancipación de enfermedades, etcétera. Sin embargo, al tomar el poder global por parte de Allen Helmont, todo se convirtió en humo y se solucionó todo en tan solo dos años. Y así la gente comenzó a tratarlo como un dios caído a la Tierra, casi como el mesías.


 A pesar de todo yo no me creía esos sorprendentes hechos del todo, tenía el presentimiento de que algo realmente malo iba a ocurrir.


Yo asistía a una universidad para genios en Tokio, pero tuve que retirarme en mi tercer año de ciencias políticas, y todo fue porque mi papá comenzó a trabajar para uno de los abogados de Helmont, como uno de sus asesores, y como se le hacia el trabajo pesado me pidió que lo ayudara en el papeleo que tenía que cubrir la mayoría de las veces; y por eso me fui de Japón y volví a los Estados Unidos, pero lo único que sentí fue dejar a Takeshi, quien es mi mejor amigo en Japón.


Cuando volví a Estados Unidos comencé una pequeña investigación para saber cuáles eran los verdaderos motivos y objetivos de Helmont.


Había pasado una semana desde que volví a Manhattan y no sucedió nada fuera de la rutina. Aparte que he estado la mayoría del tiempo en mi casa ayudando mi padre en su trabajo, y tratando de avanzar en mi investigación.


Un día cualquiera salí al mediodía para hacer las compras del almuerzo en el supermercado que estaba solo a unas cuadras de mi casa. Compré todos los ingredientes que necesitaba, y me fui directo a mi casa, pero solo a dos cuadras de llegar a ella, estaba una chica de mi edad, que era de cabello castaño, con unas facciones muy bellas, y muy delgada; que estaba sentada en la vereda. Voy pasando por el lado de ella y de la nada comenzó a hablarme.

— ¡Oye!

— ¿Si? ¿Qué necesitas? —me di vuelta en ese instante para saber qué era lo que quería.­

— ¡Tú vas a ser el salvador del mundo! —me grito con alevosía  y mirándome a los ojos como si me estuviese obligando.

— ¡E-e-eh! ¿Co-co-cómo? ¿Cu-cu-cuándo? —le respondí boquiabierto y tartamudeando de la impresión.

Salí corriendo descaradamente asustado, alejándome rápidamente de ella hasta llegar a mi casa. Al llegar deje las cosas en la cocina y fui a la sala de estar a sentarme en el sofá y comencé a pensar en las extrañas palabras que me había dicho. “Tú vas a ser el salvador del mundo”, esas frases quedaron resonando en mi cabeza un buen rato, llegaban y llegaban ideas a mí, pero ninguna era capaz de responderme el porqué de todo aquello, aunque todo lo que sucedió fue sorprendente y… raro.


Deje de pensar en eso y volví a la cocina a preparar el almuerzo, cuando de pronto escucho el sonar del timbre, fui a abrir la puerta y era mi padre que recién había llegado de un viaje de trabajo a Washington. Terminé de cocinar el almuerzo y nos sentamos en las sillas de la mesa para almorzar. 

— ¿Cómo te fue en tu viaje, padre? —le pregunte cuando recién nos habíamos sentado a almorzar.

—Bien, muy bien —respondió con una mirada perdida. Pude notar que no estaba diciendo la verdad.

­— ¿De verdad?­ —insistí.

­—No, no estoy bien. La verdad es que escuche al señor Allen hablando con mi jefe sobre un tema muy delicado —mientras hablaba cada vez lucia más cabizbajo.

— ¿Qué cosa?, ¡dime, por favor! —me sentía excitado y un poco preocupado. Mi padre comió un bocado de su filete, masticó y trago; me miró a los ojos y me dijo.

—Al parecer Allen Helmont planea reducir la población mundial en un 15 % como mínimo. Lo va a hacer por la sobrepoblación que hay en estos momentos en todo el globo.

Traté de mantener la calma, pero no pude. Toda la tranquilidad del momento se destruyó, y de la nada comencé a gritarle a mi padre.

— ¡Todo lo que estás diciéndome es verdad, cierto! —le grité con autoridad.

 — ¡Sí, es verdad! Los oí claramente –me respondió mirando al piso.

— ¡Gracias por la comida! —dejé casi intacto el plato y me fui a mi habitación furioso.

En mi habitación idee un plan para acercarme a Allen Helmont, lentamente sin que se dé cuenta. Utilizaré a mi padre, ya que se podría decir que es un de las personas más cercanas a Helmont que conozco.

Idee el plan y de tanto pensar me quede dormido un buen rato. Desperté a las 20:34 pm, fui a ver si estaba mi padre en su habitación, pero el muy idiota no estaba allí, ni en ningún lugar de la casa y por eso decidí  ir al parque a despejar un poco mi mente.

Cuando iba llegando me di cuenta de que no había nadie. Estaba todo muy tranquilo; no rondaba ningún alma por el lugar. Me senté en una de las bancas del parque y comencé a mirar el cielo, cuando de pronto fijo mi mirada al frente y allí estaba una chica. Su rostro no se distinguía mucho porque ya estaba de noche, pero lo que si se distinguía era el fulgor de su cabello rojo que alumbraba todo el lugar. Aunque no se distinguía bien su rostro, yo ya tenía la idea de que ella era increíblemente bella. Llevaba puesto unos pantalones de cuero ceñidos al cuerpo, que eran muy apretados; usaba una chaqueta de cuero muy a la moda; sus zapatos de taco que eran negros al igual que todo.


Ella avanzó y se acercó lentamente a la banca en la que yo estaba sentado, y ahí recién distinguí su rostro, del cual quedé completamente anonadado. Ella era muy hermosa.

— ¿Eres Danny Evans? —me preguntó. Yo ya estaba de pie, frente a ella.

—Sí, soy y… —no alcance a contestarle y sin ningún motivo comenzó a atacarme.

Usaba un arte marcial muy extraño, uno que nunca en mi vida había presenciado. Inició dándome golpes a la zona media de mi abdomen, después continuo dándome golpes en las piernas; intente esquivar algunos golpes, pero todo era en vano, ella era muy rápida. Seguía y seguía magullándome, hasta que decidí comenzar a contraatacar con el karate shotokan que había aprendido en Japón, pero no me dio resultado, traté de darle una patada media, aunque no iba con toda mi fuerza; me contuve porque era una mujer. Sin embargo, tampoco resultó, agarro mi pierna y se tumbó al piso mientras me hacia una llave, y ahí quede tendido, todo adolorido.


— ¡He-he-hey! ¡Cálmate un poco, por favor! —le dije tumbado en el piso. Ella ya se preparaba para seguir dándome camorra.

—…

— ¡Por favor!, ¡detente! —le grité en el momento preciso.

—Hmm ¿Así que tú eres el ayudante de Helmont? —me dijo, mientras que yo me estaba levantando.


Me sacudí la ropa. 

Estaba muy extrañado por lo que dijo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Drowning Hell.

Drowning Hell.


Prólogo: La arribada…



Estaba en un lugar muy extraño, el sitio era muy bizarro y parecía sacado de una novela psicológica. Solo me preguntaba la razón del por qué estaba en aquel lugar, si poco tiempo atrás había entrado a una tienda de ropa que se llamaba “Hell”; entré y fui al probador a ver como se me veía una sudadera, y cuando me apoye un poco en el espejo ya había entrado en este mundo completamente nuevo para mí.


Todo había cambiado y el mundo en el que había entrado era muy absurdo. Lo primero que vi al aparecer en este nuevo mundo fue el cielo que era muy extraño. Tenía un color vino muy particular y no había un sol que lo iluminara, tampoco había estrellas, ni nubes y ni siquiera una luna; caminé un poco y pude darme cuenta de que el suelo era liso y duro como una roca, pero cuando me agache para palparlo con mis manos su textura había cambiado en su totalidad, se había convertido en algo esponjoso; seguí caminando sin rumbo y noté que no corría el viento, aunque tampoco hacía frío; el lugar estaba a temperatura aceptable y eso significaba que no hacía frío, ni calor.


Por fin me había encontrado con algo, y ese algo era un insólito letrero que lucía muy antiguo y lo que había escrito en él era increíble, estaba escrito… “Bienvenido al infierno”.


Con el solo hecho de haber leído ese extraño letrero me di por rendido y sabía que lo que se venía no era algo con lo que alguien se alegraría, lo que se venía era una de las aventuras más horribles que una persona podría  vivir; era la gran aventura en el… infierno.