Amor
Inexplicable.
Capítulo 1: Algo Inesperado.
Todo comenzó el 28 de Noviembre. Ese día mi hermana regresaba a
Santiago, después de haber estado viviendo 6 años en Argentina. La fui a buscar
al aeropuerto de Pudahuel y no pasó nada que pueda destacar, exceptuando el
abrazo afectuoso que nos dimos cuando nos encontramos. Llegamos al departamento
en donde vivía con mis padres, pero ellos andaban de vacaciones en Brasil.
Camila, mi hermana, se instaló en la habitación al lado de la mía. Ella pensaba
quedarse hasta Enero conmigo.
Al otro día Camila como no entendía mucho el sistema
santiaguino, me pidió que la acompañara a comprar ropa, específicamente jeans y
unas blusas; casi sin pensarlo le dije de inmediato que sí y salimos a nuestro
destino. Subimos al metro a esa hora de las 15:00 pm, en ese momento no había
mucha gente, pero hacía mucho calor. Todo iba bien hasta ese momento.
Nos sentamos en el piso del vagón y comenzamos a charlar de las
anécdotas de cuando éramos pequeñas, cuando de la nada todo quedo en un
silencio sepulcral mientras seguíamos disfrutando del viaje; de pronto se
comenzó a escuchar la voz de una mujer que hablaba muy fuerte en el vagón que
estaba próximo al nuestro, —toda la
gente alrededor podía oír lo que decía— venía hablándole de esa forma desde hace
un buen rato a un tipo que estaba al lado de ella; ellos estaban apoyados en
los pasamanos principales del vagón. Era su novio, o al menos eso entendimos
todos los que estábamos alrededor de ellos; se denotó por las palabras casuales
que ésta decía al hablarle, a pesar de
que en ningún instante los vimos abrazándose, besándose o diciéndose alguna
palabra de afecto. Sin embargo, lo que importaba era el noviazgo que llevaban, al
parecer un noviazgo de mucho tiempo, yo diría que años, porque la chica le
hablaba igual que una señora menopaúsica.
Ésta mujer lo reprendía por todo. Lo primero que empecé a oír
fue que él no sabía comprar, ya que ella lo encontraba todo más barato y a un
buen precio, mientras que él no. Lo criticaba solo por cosas sin sentido, pero
ella lo magnificaba mucho más y las palabras las utilizaba para ofenderlo ante
toda la gente.
A mí en lo personal no me gusta escuchar conversaciones ajenas a
mis propósitos, pero ésta chica hablaba tan fuerte que era inevitable no sentirse
parte de la conversación, o monólogo mejor dicho, ya que la mujer lo criticaba
y criticaba, sin callarse en un solo momento y sin dejar hablar al chico que
iba a su lado, que solo atinaba a responder con algunas bromas con tal de
sacarle alguna sonrisa, cosa que era en vano. A mí la situación me generaba una
rabia e impotencia inimaginable, con ganas de gritarle en la cara “deja de
criticarlo, si tanto te molesta no sigas con él y déjalo en paz”.
El trayecto de Bellavista de la Florida hasta Santa Ana duró lo
suficiente como para poder analizar en detalle toda la escena que se presentaba
ante los ojos de todos en el vagón. Como yo iba en el suelo al igual que mi
hermana Camila, tenía el ángulo perfecto para poder observarlos desde abajo,
sin que ellos pudieran verme; lamentablemente ese fue mi gran error, mi desliz
fue observarlo; observar su expresión corporal, escuchar como tenuemente quería
sacarle una sonrisa a su novia con una que otra broma, que a mí en especial me
generaba una sonrisa; fue traspié mío sentir como mi corazón se apretaba de
impotencia al ver como él la escuchaba respetuosamente, mientras que ella
seguía tratándolo como basura frente a todos; al final fue mi delirio creer y
sentir por un instante que él era el mejor hombre que jamás había visto en mi
vida…
Creerán que soy una pendeja inmadura con todo lo que estoy
diciendo, pero juro que cuando lo observé sentí una conexión tan fuerte que no
sé cómo poder explicarlo. De verdad, fue algo inexplicable, que nunca antes me
había sucedido; apenas pude ver su espalda y escuchar su voz, —lamentablemente
no pude ver su rostro— sentí que era perfecto para mí, mi hombre ideal. Quede
prendida tan solo al ver como se expresaba, la forma en que movía; solo al
observarlo en esa media hora de viaje e indagar como era su personalidad, todo
eso fue suficiente para sentir algo realmente grande dentro de mi corazón.
Mientras continuábamos escuchando a la mujer que lo seguía
criticando, yo decía en mi mente todo lo que haría con él, si yo fuese ella, lo
haría reír, me reiría de sus bromas rebuscadas, lo abrazaría, lo apapacharía, lo
besaría, meramente lo amaría; lo amaría como ella no lo hace…
En ese momento el llevaba una polera blanca que contrastaba con
su piel morena, en su cabeza llevaba un jockey de color negro, en sus pies usaba
una zapatillas con caña que eran negras y en su mano sostenía un estuche con el
logo de “Zidjian” donde de seguro llevaba un platillo para su batería, al
parecer era un ride a juzgar por el diámetro del estuche, también llevaba otro
bolso con una caja al costado de éste.
Él es baterista, al igual que yo y creo que su nombre era Marco,
así lo nombro ella. Ella estaba casi al frente mío y llevaba medias negras, un
short negro, un banano de color blanco, el cual lo llevaba en la cadera
obviamente, una polera negra y apretada con tiritas en los hombros, tenía el cabello corto y era de color castaño
claro, casi rubio y sus labios estaban pintados de un color vino. Me di cuenta
por la conversación que iban a una fiesta; ella reiteraba en reclamar que iban
a un carrete de personas “flaites” e insistió en que Marco debió haber visto el
lugar antes de haberla invitado, a lo que él respondió: sí, lo vi. Es un lugar
baldío…
Desde hace dos semanas que no he dejado de pensar en él, lo he
hecho en cada momento y no puedo sentirme más patética por eso. Lo único que hay
en estos momentos en mi mente, es el deseo de poder conocerlo sola para decirle
alguna palabra bonita, ya que en ese viaje no pudo oír nada agradable.
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