jueves, 12 de diciembre de 2013

Drowning Hell.

Drowning Hell.


Prólogo: La arribada…



Estaba en un lugar muy extraño, el sitio era muy bizarro y parecía sacado de una novela psicológica. Solo me preguntaba la razón del por qué estaba en aquel lugar, si poco tiempo atrás había entrado a una tienda de ropa que se llamaba “Hell”; entré y fui al probador a ver como se me veía una sudadera, y cuando me apoye un poco en el espejo ya había entrado en este mundo completamente nuevo para mí.


Todo había cambiado y el mundo en el que había entrado era muy absurdo. Lo primero que vi al aparecer en este nuevo mundo fue el cielo que era muy extraño. Tenía un color vino muy particular y no había un sol que lo iluminara, tampoco había estrellas, ni nubes y ni siquiera una luna; caminé un poco y pude darme cuenta de que el suelo era liso y duro como una roca, pero cuando me agache para palparlo con mis manos su textura había cambiado en su totalidad, se había convertido en algo esponjoso; seguí caminando sin rumbo y noté que no corría el viento, aunque tampoco hacía frío; el lugar estaba a temperatura aceptable y eso significaba que no hacía frío, ni calor.


Por fin me había encontrado con algo, y ese algo era un insólito letrero que lucía muy antiguo y lo que había escrito en él era increíble, estaba escrito… “Bienvenido al infierno”.


Con el solo hecho de haber leído ese extraño letrero me di por rendido y sabía que lo que se venía no era algo con lo que alguien se alegraría, lo que se venía era una de las aventuras más horribles que una persona podría  vivir; era la gran aventura en el… infierno.


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