sábado, 14 de diciembre de 2013

Nefilim Destiny

Néfilim Destiny.


Capítulo 1: La nueva vida.




Soy Danny Evans, tengo 25 años y vivo en Manhattan (Estados Unidos) y estamos en el año 2030.


Todo comenzó cuando tenía 17 años con la repentina aparición de un hombre de unos 40 años llamado Allen Helmont, quien hizo su aparición en las elecciones mundiales que fueron realizadas el 27 de Diciembre del 2022, en Washington. Éste hombre tenía un respaldo económico, político e incluso social que lo hacían un candidato imbatible, haciendo que sus contendientes se viesen como personas sin ninguna posibilidad de ganar. Su simpatía, su poder de convencer a todos y propuestas eran increíbles. Había gente que al principio estaba en su contra, pero después como si nada comenzaron a apoyarlo de una manera muy efusiva, ganando unánimemente las elecciones.


Antes de que ganara Helmont, el planeta pasaba por problemas 
adversos, convirtiéndose en un planeta muy peligroso; siendo las principales dificultades: las guerras civiles que ocurrían en muchos países asiáticos y africanos, la miseria que reinaba en todo el mundo, los desastres naturales, la incrementación de la delincuencia, la creciente emancipación de enfermedades, etcétera. Sin embargo, al tomar el poder global por parte de Allen Helmont, todo se convirtió en humo y se solucionó todo en tan solo dos años. Y así la gente comenzó a tratarlo como un dios caído a la Tierra, casi como el mesías.


 A pesar de todo yo no me creía esos sorprendentes hechos del todo, tenía el presentimiento de que algo realmente malo iba a ocurrir.


Yo asistía a una universidad para genios en Tokio, pero tuve que retirarme en mi tercer año de ciencias políticas, y todo fue porque mi papá comenzó a trabajar para uno de los abogados de Helmont, como uno de sus asesores, y como se le hacia el trabajo pesado me pidió que lo ayudara en el papeleo que tenía que cubrir la mayoría de las veces; y por eso me fui de Japón y volví a los Estados Unidos, pero lo único que sentí fue dejar a Takeshi, quien es mi mejor amigo en Japón.


Cuando volví a Estados Unidos comencé una pequeña investigación para saber cuáles eran los verdaderos motivos y objetivos de Helmont.


Había pasado una semana desde que volví a Manhattan y no sucedió nada fuera de la rutina. Aparte que he estado la mayoría del tiempo en mi casa ayudando mi padre en su trabajo, y tratando de avanzar en mi investigación.


Un día cualquiera salí al mediodía para hacer las compras del almuerzo en el supermercado que estaba solo a unas cuadras de mi casa. Compré todos los ingredientes que necesitaba, y me fui directo a mi casa, pero solo a dos cuadras de llegar a ella, estaba una chica de mi edad, que era de cabello castaño, con unas facciones muy bellas, y muy delgada; que estaba sentada en la vereda. Voy pasando por el lado de ella y de la nada comenzó a hablarme.

— ¡Oye!

— ¿Si? ¿Qué necesitas? —me di vuelta en ese instante para saber qué era lo que quería.­

— ¡Tú vas a ser el salvador del mundo! —me grito con alevosía  y mirándome a los ojos como si me estuviese obligando.

— ¡E-e-eh! ¿Co-co-cómo? ¿Cu-cu-cuándo? —le respondí boquiabierto y tartamudeando de la impresión.

Salí corriendo descaradamente asustado, alejándome rápidamente de ella hasta llegar a mi casa. Al llegar deje las cosas en la cocina y fui a la sala de estar a sentarme en el sofá y comencé a pensar en las extrañas palabras que me había dicho. “Tú vas a ser el salvador del mundo”, esas frases quedaron resonando en mi cabeza un buen rato, llegaban y llegaban ideas a mí, pero ninguna era capaz de responderme el porqué de todo aquello, aunque todo lo que sucedió fue sorprendente y… raro.


Deje de pensar en eso y volví a la cocina a preparar el almuerzo, cuando de pronto escucho el sonar del timbre, fui a abrir la puerta y era mi padre que recién había llegado de un viaje de trabajo a Washington. Terminé de cocinar el almuerzo y nos sentamos en las sillas de la mesa para almorzar. 

— ¿Cómo te fue en tu viaje, padre? —le pregunte cuando recién nos habíamos sentado a almorzar.

—Bien, muy bien —respondió con una mirada perdida. Pude notar que no estaba diciendo la verdad.

­— ¿De verdad?­ —insistí.

­—No, no estoy bien. La verdad es que escuche al señor Allen hablando con mi jefe sobre un tema muy delicado —mientras hablaba cada vez lucia más cabizbajo.

— ¿Qué cosa?, ¡dime, por favor! —me sentía excitado y un poco preocupado. Mi padre comió un bocado de su filete, masticó y trago; me miró a los ojos y me dijo.

—Al parecer Allen Helmont planea reducir la población mundial en un 15 % como mínimo. Lo va a hacer por la sobrepoblación que hay en estos momentos en todo el globo.

Traté de mantener la calma, pero no pude. Toda la tranquilidad del momento se destruyó, y de la nada comencé a gritarle a mi padre.

— ¡Todo lo que estás diciéndome es verdad, cierto! —le grité con autoridad.

 — ¡Sí, es verdad! Los oí claramente –me respondió mirando al piso.

— ¡Gracias por la comida! —dejé casi intacto el plato y me fui a mi habitación furioso.

En mi habitación idee un plan para acercarme a Allen Helmont, lentamente sin que se dé cuenta. Utilizaré a mi padre, ya que se podría decir que es un de las personas más cercanas a Helmont que conozco.

Idee el plan y de tanto pensar me quede dormido un buen rato. Desperté a las 20:34 pm, fui a ver si estaba mi padre en su habitación, pero el muy idiota no estaba allí, ni en ningún lugar de la casa y por eso decidí  ir al parque a despejar un poco mi mente.

Cuando iba llegando me di cuenta de que no había nadie. Estaba todo muy tranquilo; no rondaba ningún alma por el lugar. Me senté en una de las bancas del parque y comencé a mirar el cielo, cuando de pronto fijo mi mirada al frente y allí estaba una chica. Su rostro no se distinguía mucho porque ya estaba de noche, pero lo que si se distinguía era el fulgor de su cabello rojo que alumbraba todo el lugar. Aunque no se distinguía bien su rostro, yo ya tenía la idea de que ella era increíblemente bella. Llevaba puesto unos pantalones de cuero ceñidos al cuerpo, que eran muy apretados; usaba una chaqueta de cuero muy a la moda; sus zapatos de taco que eran negros al igual que todo.


Ella avanzó y se acercó lentamente a la banca en la que yo estaba sentado, y ahí recién distinguí su rostro, del cual quedé completamente anonadado. Ella era muy hermosa.

— ¿Eres Danny Evans? —me preguntó. Yo ya estaba de pie, frente a ella.

—Sí, soy y… —no alcance a contestarle y sin ningún motivo comenzó a atacarme.

Usaba un arte marcial muy extraño, uno que nunca en mi vida había presenciado. Inició dándome golpes a la zona media de mi abdomen, después continuo dándome golpes en las piernas; intente esquivar algunos golpes, pero todo era en vano, ella era muy rápida. Seguía y seguía magullándome, hasta que decidí comenzar a contraatacar con el karate shotokan que había aprendido en Japón, pero no me dio resultado, traté de darle una patada media, aunque no iba con toda mi fuerza; me contuve porque era una mujer. Sin embargo, tampoco resultó, agarro mi pierna y se tumbó al piso mientras me hacia una llave, y ahí quede tendido, todo adolorido.


— ¡He-he-hey! ¡Cálmate un poco, por favor! —le dije tumbado en el piso. Ella ya se preparaba para seguir dándome camorra.

—…

— ¡Por favor!, ¡detente! —le grité en el momento preciso.

—Hmm ¿Así que tú eres el ayudante de Helmont? —me dijo, mientras que yo me estaba levantando.


Me sacudí la ropa. 

Estaba muy extrañado por lo que dijo.

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